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Claves para viajar con un bebé en avión

Durante milenios el llanto ha sido la única forma que han tenido los bebés de comunicarse con los adultos. De ahí que ignorarlo resulte tan complicado y se sienta la necesidad de acudir a la llamada. Según las investigaciones de la Universidad de Educación a Distancia (UNED) y la Universidad de Murcia, los bebés “lloran por enfado o miedo cuando tienen los ojos abiertos y por dolor cuando los mantienen cerrados”.

Los bebés sienten lo mismo que cualquier adulto cuando viajan en avión, pero no tienen la capacidad de entender lo que ocurre; les duelen los oídos, sienten el cambio de presión, su estómago experimenta sensaciones extrañas, los sonidos dentro de la cabina son muy altos y para colmo los críos se encuentran en un espacio tan pequeño que hasta para los que ya no son tan niños resulta agobiante.

Aunque para los pasajeros e incluso para los padres no resulte muy agradable viajar en avión junto a bebés, éstos no lloran por gusto. El doctor Fernando Uribarri Zarranz de la Unidad de Urgencias Pediátricas del Hospital San Rafael de Madrid explica que “no hay ninguna razón médica, orgánica, por la que los bebés tengan que llorar más en el avión. La explicación más probable es que estén más nerviosos y agitados porque los padres les transmitan su propio estado de nerviosismo. Por eso es importante que los padres se muestren tranquilos con sus hijos pequeños”.

Viajar en avión con un bebé no implica ningún riesgo para su salud. Uribarri afirma que “un recién nacido sano, después de la primera visita al pediatra sobre los siete días de vida, que está ganando peso bien, puede volar sin problema. No es aconsejable si están iniciando un proceso infeccioso febril que no se sabe cuánto les puede llegar a afectar, más aún si es una enfermedad contagiosa: catarro de vías altas (con mucha tos), bronquitis, varicela, escarlatina, etc… O si su estado general está afectado y puede empeorar en unas horas”.

ORGANIZACIÓN ANTE TODO

La doctora Vicky Fumadó, pediatra en el Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), recomienda, en el caso de tener previsto viajar con niños pequeños en avión, organizar la escapada con antelación y tener en cuenta a la hora de realizar la reserva que la parte delantera de la cabina es más amplia. Los bebés y lactantes, así como sus padres, podrán ir más cómodos en ese lugar de la aeronave.

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Algunos detalles a tener en cuenta a la hora de realizar la reserva para volar con bebés son que muchas aerolíneas no guardan asiento para ellos porque consideran que viajan en brazos. Otras como Iberia, si se advierte a tiempo, permiten ir con una sillita homologada, aunque la tarifa ascenderá y será la misma que para niños de entre 2 y 11 años. También ofrece la posibilidad, previo aviso, de disponer de una cuna o moisés para que el trayecto con el bebé sea más agradable.

En la mayoría de aerolíneas el coste de viajar con un menor de dos años es un 10% del importe habitual o incluso en algunas compañías como Air France vuelan gratis.

Por su parte, Iberia permite que los bebés vayan con el carrito hasta la puerta de embarque para facilitar su transporte a los padres.

QUÉ LLEVAR EN CABINA

Algunas empresas aeroportuarias disponen de parques de juegos e incluso guarderías como es el caso de AENA, que cuenta con un horario de 8 horas a 20 horas todos los días. Otras iniciativas de entretenimiento, para niños un poco más mayores, son las de Swiss y Air France, que cuentan con ‘kits’ de regalo con lápices para colorear y otros juegos para amenizar el viaje de los más pequeños.

Pese a las restricciones con los líquidos y productos que pueden introducirse en cabina, las compañías aéreas permiten que los padres lleven consigo la cantidad de leche y comida que vayan a necesitar sus retoños durante el trayecto. Es más, la tripulación ofrece siempre la posibilidad de calentar los alimentos. Fumadó y Uribarri coinciden en que amamantar al bebé, darle el biberón o el chupete durante el despegue y el aterrizaje les ayuda a salivar y evitar el dolor, al igualarse la presión con el oído medio.

Otros elementos imprescindibles a bordo son, como apunta el experto en urgencias pediátricas del Hospital San Rafael, “la medicación que habitualmente utilicen (broncodilatadores, corticoides…) y paracetamol o ibuprofeno por si apareciera fiebre durante el viaje”.

El doctor revela que para hacer más confortable el trayecto a las familias, “cuando el viaje es largo, es importante intentar hacerlo coincidir con las horas de sueño natural del niño. Así, con ropa cómoda (pijama) y un ambiente lo más tranquilo posible, el bebé cogerá el sueño con normalidad. También conviene llevar juguetes y objetos habituales del bebé, que lo hagan sentirse más seguro y distraído”.

ZONAS LIBRES DE NIÑOS

Pese a los trucos, cualquier madre o padre que se ha enfrentado al desafío de un viaje en avión con su bebé, probablemente habrá tenido que hacer frente a alguna rabieta o un llanto que incomoda al resto del pasaje. Como apunta Elisabeth Barnett, doctora en pediatría de la Universidad de Boston, los padres por un lado sienten angustia de saber que a su bebé le ocurre algo y ésta se incrementa teniendo en cuenta que intentan calmar a la criatura sin éxito. Y por otro lado se sienten culpables porque saben que el bebé podría estar molestando al resto de los viajeros.

Para evitar estas escenas, algunas aerolíneas como Scoot Airlines, Air Asia y Malaysia Airlines han creado la “Zona Silenciosa”, en la que está prohibido que se sienten niños menores de 12 años. Los detractores de esta corriente “sin niños” manifiestan su descontento alegando que hay adultos que pueden llegar a ser mucho más molestos y ruidosos en el vuelo que los pequeños.

Polémicas al margen, para evitar malas caras y poder descansar es mejor no olvidarse de llevar siempre unos tapones a mano.

Fuente: El Mundo

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