Trump Shuttle, la aerolínea de Donald Trump

Queda poco para conocer quien será el nuevo presidente de los EE.UU. Creo que pocas personas en el planeta desconocen a estas alturas a quien podría dirigir la primera potencia económica del planeta, pero no muchos aerotrastornados conocerán la historia de Trump Shuttle, la aerolínea que perteneció a Donald Trump.

El Avionista

Mucha gente en EE.UU. dice que Donald lo único que ha hecho es dilapidar la fortuna creada por su padre y que por el mismo jamás ha creado riqueza. Yo de eso no tengo ni la más remota idea, pero algo sé de cómo le fue su aventura en el mundo de las aerolíneas.

Un 727-200 de Trump Shuttle en 1989 (Foto: Felix Goetting)

Trump Shuttle nació de las cenizas de una de las más míticas aerolíneas americanas: Eastern Air Lines. Eastern había puesto a funcionar décadas antes la llamada Eastern Air Shuttle, una división de la aerolínea que volaba con viejos 727s sin grandes lujos que operaban cada hora entre los aeropuertos de La Guardia, Newark, Boston y Washington DC.

Como su nombre indica: “Un autobús volador” con poco lujo. Pariente lejano de lo que hoy conocemos como el low cost y que era utilizado con frecuencia entre pasajeros de negocios puesto que garantizaban que daba igual la hora a la que te presentaras al aeropuerto: te garantizaban que si no era en el primer avión sería en el siguiente, pero tendrías un asiento asegurado a un precio casi fijo.

Foto: Björn Larsson

Bien, pues poco antes de que Eastern se fuera a hacer gárgaras allá por 1991 en manos del nefasto Frank Lorenzo, la aerolínea comenzó a vender activos para intentar rescatar sus maltrechas cuentas. Trump andaba detrás de cualquier aerolínea que le permitiese meter cabeza en el sector (poco antes intentó hacerse con el control de American Airlines). Muchos fueron los candidatos (ya saben que los slots en aeropuertos como La Guardia, Newark o Boston valen mucho) pero nadie (más bien nadie en su sano juicio) presentó una oferta a Lorenzo como la de Donald Trump: 365 millones de dólares respaldados por numerosos bancos por 20 vetustos Boeing 727 y los derechos de la compañía. Acababa de nacer Trump Shuttle.

Y curiosamente lo primero que hizo el bueno de Donald sería la puntilla de la aerolínea. Simplemente fue darle a la aerolínea el “toque Trump“, imagina: molduras doradas aquí, maderas nobles allá, mayordomos a bordo acullá y lujo a cascoporro enlatado en un 727. Se gastó un millón de dólares por avión en reformarlos de arriba a abajo, y un millón de dólares de la época en un Boeing 727 dan para mucho. De hecho se dice que fue una tarea difícil hacerle ver que poner baños de mármol era una locura con el peso extra que metía al avión, y que por eso los baños eran de “mármol de imitación“. En fin, de una aerolínea de viajeros de negocios y aviones más bien anodinos habíamos pasado a aviones cercanos a lo que hoy en día ofrecen aerolíneas como Emirates, Qatar o Etihad.

Por si eso les parecía poco a los “business men“, a esto había que unirle los helicópteros que puso bajo la licencia de Trump Shuttle a operar entre los distritos financieros de Nueva York y La guardia o entre Manhattan y los Hamptons (la zona residencial más exclusiva de la ciudad, en Long Island).

Efectivamente la reacción inmediata de los viajeros fue la de no pagar un servicio que no necesitaban, ellos simplemente querían ir a trabajar prontito por la mañana a cualquier ciudad servida por la aerolínea, arreglar sus asuntos y volver a casa por la tarde para dormir con su familia. A esto unirle lo que cuesta mantener este tipo de servicio: ¿salmón noruego a bordo?, ¿asientos de las pieles más nobles de EEUU? La ocupación de los vuelos cayó considerablemente respecto a los índices que presentaba en los años anteriores Eastern y con ello la rentabilidad de la compañía.

Por cierto, una curiosidad. Revisando artículos de aquella época ya podemos ver cómo se las gastaba el bueno de Donald. Nada más estrenar su nuevo negocio Trump hizo una de las “Trumpadas” a las que nos está acostumbrando durante esta campaña electoral. En el acto de inauguración de las operaciones Trump tomó el microfono y manifestó que Pan Am (competencia directa con Pan Am Shuttle por aquel entonces) no era segura, que estaba arruinada y que no podría gastar dinero en mantener eficientemente sus aviones. Simplemente dijo “I’m not criticizing Pan Am, I’m just speaking facts“. ¿Les suena este Trump? Bien, pues como siempre el karma hizo una de sus jugadas bumerán: poco tiempo después de comenzar la aerolínea una de sus aeronaves aterrizaba en Boston con el tren de aterrizaje de nariz retraído:

Rise and Fall of Trump Shuttle

Trump siempre ha mantenido que la aerolínea era rentable y que de no ser por las dificultades añadidas de la época habría hecho de su “Shuttle” una aerolínea global. Por “dificultades añadidas” se refiere a que en agosto de 1990 estallaba la Guerra del Golfo que provocaría una brutal escalada de precios del combustible: el barril pasó de 17 USD a 36 USD en menos de tres meses. La suerte estaba echada para Donald Trump.

Los trabajadores afirman que Trump Shuttle apenas daba para poder asumir los costes de operación y lo cierto es que rápidamente Donald comenzó a reducir los excesos de la compañía: ya no habría mayordomos en el aeropuerto y se reducirían los servicios a bordo. Incluso quiso hacer alguna que otra excentricidad como volar sus Boeing 727 con solo dos pilotos prescindiendo del ingeniero de vuelo.

Aún así pagaba salarios y no había quejas por parte de los empleados y clientes, pero los bancos dejaron de cobrar. Había creado una aerolínea de lujo donde antes había una aerolínea modesta. Había ofrecido un servicio que pocos estaban dispuestos a pagar. Y para colmo el combustible le salía más caro que nunca. El mismo Septiembre de 1990 Trump ya no podía hacer frente a la millonaria letra mensual del crédito había asumido tan solo un año antes.

Trump Shuttle

Al día de hoy Trump afirma que no perdió dinero en Trump Shuttle a pesar de que puso 20 millones de su capital personal (de hecho se dice que alguno de los 24 bancos que prestaron dinero al empresario aguantaron durante meses sin cobrar porque no podían permitirse que Trump Shuttle quebrara). Pero la realidad es que en 1991 llegó a un acuerdo para ceder el control de la aerolínea a sus acreedores a cambio del pago de 100 millones de dólares que había respaldado personalmente. La historia de Donald Trump gestionando una aerolínea apenas había durando dos año y tres meses.

En plena crisis del sector aéreo mundial nadie quería hacerse con el control de Trump Shuttle por el precio que había pagado Donald dos años antes. Finalmente en 1992 US Airways compraría a los bancos el 40% del capital de la aerolínea a cambio de los slots de la misma y con el compromiso de operar las rutas durante al menos 10 años. Estados Unidos dejaba de ver los Boeing 727 blancos con la palabra “TRUMP” pintada en su fuselaje…

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