Back home: De Barcelona a Asunción vía Guarulhos

Tras 43 días de estadía en Europa, admirando la belleza, la historia, la organización, entre otros tantos ítems resaltantes de las distintas localidades que tuve la dicha de conocer, llegó el momento de retornar al hogar.

Por Ricardo Cibils

Días previos a mi salida, me pongo en contacto con Eugenia Encina (mi agente de viajes), ya que observé que en el tramo GRU-ASU no tenía un asiento fijo asignado. Buscó por mi número de reserva, y me dijo que la única ventanilla disponible (atendiendo a mi requerimiento) era la 40L, la última fila del B767. De todos modos, me asignó ese asiento, pero me recomendó no hacer web check-in, y aguardar al día del vuelo para que pueda consultar en el mostrador de facturación de equipajes, si hay disponibilidad de un mejor asiento (siempre ocurren cambios por decisiones de los pasajeros, o por desistir en ciertos casos). Por obra y gracia divina, el 23L se encontraba disponible, por tanto, elegí ese asiento sin más dudarlo, y de Barcelona a Sao Paulo en el 25L como en los 2 trayectos de ida.

Nuevamente me traslado al aeropuerto en los buses de la AMB, sorprendido por el nivel y la calidad de los servicios otorgados, esta vez con un bulto más grande (mi equipaje a despachar), considerando que los vuelos internos y viajes en tren nada más los hacía con mi equipaje de mano y mochila al hombro. Me presento a las 19 horas, y soy atendido inmediatamente en el counter, antes realicé el embalaje de mi equipaje por 10€ dentro de la Terminal 1, para luego dejarlo en manos de la aerolínea. Se procedió al etiquetado respectivo, como así la dama quien me atendió en el mostrador verificó los detalles de mi reserva y observó minuciosamente mi pasaporte.

Superado esto, me dirijo por última vez a los controles del aeropuerto catalán, y al pasarlos, son imponentes las pantallas con información de los vuelos, da gusto detener la marcha para admirar la cantidad de vuelos y de aerolíneas (y eso que era la franja nocturna, no hablemos de lo que es entre la mañana y la tarde). Verifico, como en la tarjeta de embarque indica, que mi vuelo JJ8015 se dará por la puerta del bloque D, número 13. Admiro por los majestuosos ventanales que permiten observar el exterior, el incesante tráfico en Barcelona. Como es lógico, Vueling tiene las de ganar por ser BCN su respectivo hub, pero no es nada despreciable la presencia de Easyjet, Iberia, Ryanair, entre otras exóticas aerolíneas.

A las 20:55 comienza el embarque al B767 de LATAM Airlines, esta vez, me toca el PT-MSZ, con el colorido y distinguido livery en alusión a “Walt Disney World”, que incluso ha llegado a operar en Asunción (ver cobertura de Aeronáutica Paraguay), con una antigüedad al momento de 3,5 años, antiguamente pertenecía a LAN Airlines. La tripulación como siempre muy correcta, muy predispuesta, muy amable y noble, habían muchos pasajeros que tenían problemas ubicando sus equipajes de mano en el compartimiento superior, sin ningún inconveniente la tripulación se acercaba a los pasajeros en apuro, y ubicaba en los compartimientos aledaños sin más preámbulo. Es más, llegué a ver rostros conocidos durante el vuelo, y principalmente uno de los tripulantes con quien pude conversar muy distendidamente.

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A las 21:50 empieza el push-back, con el divertido instructivo de seguridad en forma de caricaturas, tanto en portugués como en inglés, había una chica de nacionalidad argentina, pero tenía asignado el 26L, aunque por necesidad, otra pasajera fue reubicada por una de las tripulantes en dicho lugar, antes que ocurra un altercado (porque la discusión ya iba subiendo de tono), le digo que se siente a mi lado, y que se relaje, después indagando un poco más, me comenta que tiene una conexión casi inmediata (solo 2 horas de espera) con destino a Aeroparque (muchísima gente haciendo el tramo BCN-GRU-AEP, y viceversa).

Siendo las 22:15 nos posicionamos sobre el umbral de pista, y recibido el visto bueno por la torre de control, el Boeing imponente levanta su vuelo, ascendiendo constantemente sobre el mar, hasta que en un momento ingresamos al continente, con rumbo a la vertical de Lisboa para luego cruzar el inmenso Océano Atlántico e ingresar a Sudamérica, y más específicamente a Brasil, por la zona de Fortaleza.

Pasada una hora desde el despegue, se inicia el servicio de cena, nuevamente con dos opciones a elegir, esta vez, me tentó la carne con guarnición de papas, con una ensalada y torta de postre. Para beber, una copa de vino blanco con un jugo de naranja. Acá, no sé si es por mera apreciación mía, pero sentí más consistente y voluminoso el servicio a bordo en el tramo Sao Paulo – Barcelona, que en el sentido inverso. Sin desmeritar que la comida tenía buen gusto, pero me pareció un poco menor. No es gravitante, considerando que tras la cena, y para dormir bien, fui al galley trasero, me quedé ahí por 15 minutos, y solicité una cerveza española para disfrutarla y dormir relajado.

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Funcionó, 2 horas antes de Guarulhos me despierto, por lo que indago un poco en las PTV, viendo que la gama era exactamente lo mismo que a la ida. Genial, pero ya que me tocó vivirla, es como que quedé con ganas de más. Una recomendación: hagan sus pedidos, tanto de música como de vídeos, para tener mayor variedad.

Faltando hora y media para el aterrizaje, sirven el servicio de desayuno, que consta de una masa rellena con jamón y queso, yogurt griego (aún tenía algo de aire europeo en pleno vuelo), que complementé con un café negro, y otro jugo de naranja. Sentí frío desde que me desperté hasta que aterrizamos, conste que estaba tapado hasta el cuello y estaba vestido con un saco.

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Cuando levantaron todas las bandejas, y todos los carritos fueron ubicados en el fondo, y asegurados, me dirijo al baño para cepillarme los dientes, minutos después, comienza la aproximación a Sao Paulo. Como dirían varios colegas, típico que en la capital paulista, hay neblina, lluvia, y frío, y fue tal cual. La turbulencia reinante en la aproximación me hizo bailar, mi procesión desde el baño al 25L fue toda una odisea, tuve que llegar afirmándome de cada uno de los asientos a mi paso, igual estaba fascinado por lo que estaba sintiendo.

Tocamos suelo brasilero a las 04:20 hora local, y desembarcamos sin ningún problema, previo al aterrizaje, nuevamente facilitan mediante vídeo información sobre cómo realizar las conexiones en Guarulhos. Lo primero que hago al desembarcar, es buscar un baño donde pueda entrar y cambiarme la camisa con la que venía para ponerme una limpia (soy algo mañoso con la cuestión de la vestimenta y su uso). Paso nuevamente por el control preventivo que se realiza a los pasajeros en conexión, siendo aprobado por cada uno de los policías quienes estaban a cargo durante ese turno.

Como tenía tanto tiempo de espera, me dispongo a recorrer GRU en toda su longitud, hasta que veo un Starbucks y caí en la tentación, volví a desayunar en el aeropuerto, pero bien que fue un golpe vitamínico que lo necesitaba para el momento. Guarulhos también destaca por sus ventanales con vistas al exterior, creo que en 4 horas de espera, vi el equivalente a todo el movimiento que podemos tener en nuestra principal terminal aérea en un semestre. LATAM Airlines con sus dos nuevos baluartes (B787 para LAN, A350 para TAM), United Airlines, Alitalia, Swiss, American Airlines, Avianca Colombia, Avianca Brasil, Gol, Lufthansa, y muchas otras aerolíneas, diversidad de liveries, como de tipos de aviones.

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Llegan las 07:50, y somos cordialmente invitados a realizar el embarque pertinente al vuelo JJ8140, con destino a Asunción. Embarco, y fue la única vez, donde vi personal de LATAM muy alterado queriendo agilizar el proceso de embarque, te invitaban a los gritos a pasar, cuando creo yo, debiese ser más cordial el trato.

Igualmente, cuando me toca ser atendido, lo hacen muy bien y muy correctamente, sin ser muy “mecanizados”, más bien muy humanos, bajo la extensa manga de las que en GRU caracterizan, hasta llegar a la puerta de avión, recibido una vez más con el cordial “bom dia” de parte de la tripulación, solo uno hablaba algo de español entre los integrantes.

Me ubico en el 23L, que fue el resultado de mi “pecheo” en el mostrador de LATAM Airlines en Barcelona, y me dispongo a relajarme y a disfrutar a plenitud el último vuelo de esta sucesión que tuve en mis 43 días, push-back normal con el mismo proceder de los vuelos anteriores, y en el carreteo pasamos por las distintas áreas terminales con las que cuenta el aeropuerto, pude reencontrarme con el B767 que me trajo desde BCN (PT-MSZ), esta vez, estaba a bordo del PT-MSO con 4 años de antigüedad.

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Despegamos bajo la leve llovizna que cubría la capital paulista, ascendimos hasta 35.000 pies (FL350) con una espectacular transición entre las capas nubosas hasta sobrepasarlas, esto fue netamente en territorio brasileño, ya en cielos paraguayos, las nubes eran escasas, casi nulas, se podía ver perfectamente el suelo, sin ninguna dificultad.

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En este vuelo pude apreciar la popular fumigación a bordo, la cual antes de hacerla, se notifica mediante un speech corto y conciso, asegurando que el rociamiento del producto es por disposición aeronáutica local, y que dicho producto no pone en riesgo la salud de los pasajeros. Luego, se sirvió un desayuno tipo snack por la proporción, que consistió en una torta de naranja con chispitas encima, y de beber, lo que fue habitual para mí en cada vuelo (creo que ya ni es necesario repetirlo).

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Descendimos sin ninguna turbulencia, nos alineamos a la cabecera 02, pasando previamente por San Lorenzo, Fernando de la Mora, y el área de Ñu Guasu como antesala a nuestra llegada. Tocamos pista a las 09:20, llegando al fin de esta hermosa experiencia que me tocó vivirla, y ahora, narrarla para ustedes

Evaluaciones en ambos tramos

  • Puntualidad: 9/10 (BCN-GRU) 10/10 (GRU-ASU)
  • Amabilidad: 10/10
  • Servicio a bordo: 10/10
  • Entretenimiento: 7/10 (creía que el entretenimiento mes a mes se renovaría)

Muchas gracias a todos por su tiempo en la lectura, espero haya podido transmitir mis experiencias personales para el deleite de cada uno de ustedes, transportándolos al lugar de los hechos.

¡Buenos vuelos, y buenos vientos!

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