LAP: A 52 años del ‘milagro de Ezeiza’

La mañana del viernes 26 de mayo de 1967, un día como hoy, el bimotor Convair CV-240 con matrícula ZP-CDP, de la desaparecida Líneas Aéreas Paraguayas (LAP), bautizado como ‘José Gaspar Rodríguez de Francia’, se preparaba para cubrir el vuelo PZ202 entre Asunción y Buenos Aires. Al mando del avión, el Comandante René Ferreira, el Tte. 1º PAM Pablo Romero como Primer Oficial, MAM Zacarías Soto como Ingeniero de Vuelo, el Radio Operador Sub Oficial Marcial Quiñónez, Néstor Arrua, Comisario de Vuelo, y la Tripulante de Cabina Elodia González. A bordo, 19 pasajeros, entre ellos, artistas varios argentinos que participaron de una semana cultural en la capital paraguaya celebrando un año más independencia del vecino país.

Archivo Antonio Sapienza

El avión despegó a las 8:00, como estaba previsto, el vuelo transcurrió sin novedades; pasadas las 11:00, recibió el visto bueno de la torre de control del aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires para su descenso por la pista 10. La tripulación bajó el tren de aterrizaje y desplegó los flaps. La aproximación se estaba efectuando con altura considerable y gran velocidad, por lo que el capitán redujo la potencia de los motores.

Archivo Antonio Sapienza

Lo que sucedió luego fue que, la traba mecánica de la reversa de los motores, que está enlazada al magneto de potencia, se hallaba destrabada debido a un mantenimiento inadecuado. Independiente a ello, la traba conectada al tren de aterrizaje también experimentaba inconvenientes. En condiciones normales, la traba hubiera impedido que la reversa fuese accionada con los amortiguadores extendidos del tren de aterrizaje, lo cual evidenciaba que la aeronave todavía no tocaba suelo. Como la traba no funcionaba, los magnetos se posicionaron como reversa. Aún en el aire, las dos hélices invirtieron su empuje, lo que ocasionó una pérdida de sustentación y un stall, precipitándose el aparato a tierra. No había suficiente altura para recuperarlo, por lo que el comandante Ferreira dio potencia máxima a ambos motores, que como no eran sincronizados, respondieron de forma opuesta. El Convair giró hacia la izquierda, mientras la tripulación luchaba por estabilizarlo a solo metros del suelo. La velocidad era baja para los controles aerodinámicos, por lo que la palanca de control resultaba inútil. La alternativa para el piloto fue realizar movimientos bruscos, estirando la palanca de control y accionando el pedal derecho. Estas acciones salvaron al Convair CV-240 de colisionar de punta, pero aún así, la aeronave tocó suelo con fuerza, rompiéndose el tren delantero y el ala izquierda; el avión rebotó debido a la fuerza del impacto, posteriormente giró deteniéndose casi al final de la pista en posición invertida, luego el tail comenzó a incendiarse.

Archivo Antonio Sapienza

Inmediatamente, gracias al profesionalismo de la tripulación y a los servicios de emergencia del aeropuerto de Buenos Aires, a pesar de la gravedad del hecho, todos a bordo pudieron evacuar y no hubo víctimas fatales, aunque si heridos de diferente consideración, por ello, el accidente es conocido como ‘el milagro de Ezeiza’.

Archivo Antonio Sapienza

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