Un día como hoy, un 737 de Varig aterrizaba en la selva amazónica

Un día como hoy, 30 de setiembre, pero de 1989, el vuelo RG254 de la desaparecida aerolínea brasileña Varig, operado con un Boeing 737-200 con matrícula PP-VMK, que conectaba a São Paulo con Belém, en el estado de Pará (incluía escalas en Uberaba, Brasilia, Imperatriz, Goiânia y Marabá), se quedó sin combustible y aterrizó de panza en la selva amazónica.

Esa tarde, en el aeropuerto de Marabá, última escala prevista, mientras el copiloto Zille realizaba la inspección externa de la aeronave, el capitán Garcez consultó el plan de vuelo para el rumbo magnético de Belém. En el plan de vuelo leyó 0270, pero Garcez interpretó esto como 270 grados, cuando el significado pretendido era 027,0 grados (el plan de vuelo de Varig no especificó explícitamente la posición del punto decimal, que se encuentra implícitamente a la izquierda del dígito de la derecha). Dicho lo anterior, el comandante fijó el lado izquierdo en el indicador de situación horizontal (HSI) a 270 grados, es decir, un curso al oeste, lo que resultaba incompatible con el trayecto de Marabá a Belém. En lugar de volar hacia su destino, el avión viajó en dirección a un área remota del centro del país. Los intentos de llegar a un aeropuerto alternativo no tuvieron éxito y finalmente, el aparato se quedó sin una gota de jet fuel.

Durante el impacto, la desaceleración del avión fue tan intensa que los pasajeros sin cinturón de seguridad fueron arrojados a la parte delantera de aeronave, y algunos asientos desprendidos del piso también se corrieron hacia adelante.

Dos días después de la tragedia y en virtud de no recibir la ayuda correspondiente, cuatro de los 41 sobrevivientes decidieron caminar y buscar ayuda. Tras una serie de fracasos, lograron ponerse en contacto con el aeropuerto de Franca. A las 16:27 del martes 5 de setiembre, un Embraer EMB 110 Bandeirante de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) arrojó paquetes de alimentos a través de los restos. Para la jornada siguiente, todos habían sido rescatados. Fallecieron 13 de los 54 pasajeros. La tripulación compuesta por dos pilotos y cuatro asistentes de vuelo ganaron la batalla a la muerte.

Se concluyó que el avión estaba en óptimas condiciones y que no presentó falla alguna. Además de la interpretación errónea del plan de vuelo, hubo varios factores que contribuyeron al desastre: el piloto no se dio cuenta que debería estar recibiendo una señal VHF más fuerte de Belém si se acercaba a ese aeropuerto y que debería estar recepcionando las emisoras de radio locales de Belém en lugar de otras estaciones distantes, debió haber revisado su posición y rumbo contra el sol, y el equipo de apoyo de la aerolínea en Belém no tomó medidas al darse cuenta que la llegada se retrasó.

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