El día en que el Huracán Janet se devoró a su cazador

Días pasados, todos los medios internacionales, especialmente los del norte, hacían énfasis en las devastaciones que causaba el huracán Dorían a su paso por la zona caribeña y tocando tierra norteamericana con una potencia ya reducida. Este tipo de noticias es constante en estos meses, ya que es considerada temporada de huracanes, que se extiende desde el mes de junio hasta finales de octubre. Pero esta clase de fenómenos meteorológicos no son cosa única de las zonas tropicales; en el Océano Pacífico, cerca del continente asiático, también suelen ocurrir, aunque allá reciben el nombre de “tifones”.

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Huracán Dorian visto desde el espacio.

Los huracanes al igual que los tifones, son grandes extensiones de nubes en forma de remolinos o espirales gigantes en cuyo interior se pueden registrar vientos que van desde los 118 km/h llegando incluso a registrar velocidades increíbles de hasta 250 km/h. En los huracanes los vientos rotan alrededor de un centro o núcleo conocido como el “ojo del huracán”, en sentido contrario a las manecillas del reloj; dentro de este ojo los vientos son relativamente calmos, pero al atravesar la zona conocida como “pared del ojo”, es donde se encuentran los vientos, lluvias y truenos más fuertes, lugar donde está localizado el mayor potencial de devastación del huracán.

Hoy en día, las altas tecnologías acompañadas de los satélites meteorológicos de ultima generación, hacen que investigar en profundidad sobre estos fenómenos meteorológicos sea una tarea mucho más fácil e incluso nos permite entender con precisión el desarrollo, vida y muerte de un huracán. A pesar de eso, desde antaño cuando aún no se disponía de estas tecnologías, la única forma de saber su intensidad y predecir su trayecto era ingresando dentro de él en aviones militares que disponían de distintos equipos que recababan los datos necesarios; estas aeronaves y sus intrépidos tripulantes son conocidos como los “cazadores de huracanes”. En la actualidad estos vuelos son realizados por aviones de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) utilizando los aguerridos turboprops WP-3 “Orion”, que son los que penetran las zonas más violentas de estos huracanes, cuyas labores son acompañadas por otros aviones tanto jets como a hélices e incluso recibiendo el apoyo de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos con sus C-130 “Hercules”. Muchos se preguntarán el por que en tiempos en que dominan los jets, se siguen usando aparatos a hélices. La respuesta es que cuando una aeronave vuela dentro de un huracán, los constantes cambios extremos de vientos hacen que el avión tenga que aumentar o reducir su potencia, cosa que en aviones propulsados por turbo reactores es imposible ya que su reacción es tardía, a diferencia de en los turbohélices, en donde la reacción es de forma inmediata.

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Aviones de la NOAA. Al fondo los Lockheed WP-3 “Oríón”. Ph: NOAA
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Gulfstream IV-SP y el Lockheed WP-3D Orion. Ph: NOAA

Todos estos aviones con sus tripulaciones salen airosos de estas batallas entre la naturaleza y el ser humano. Pero en la historia, existe un solo caso en donde un huracán literalmente se tragó a una aeronave meteorológica junto a su tripulación, cuyos restos nunca se encontraron hasta el día de hoy. Para eso debemos retroceder el tiempo hasta el año 1955, específicamente al día 26 de setiembre. cuando un potente huracán bautizado con el nombre de “Janet” con escala 4 y en aumento, estaba causando graves estragos por las zonas por las que pasaba. Para estudiar mas de cerca a este huracán, desde la base aérea de la Bahía de Guantánamo, en Cuba, despega un avión turbohélice Lockheed P2V Neptune 3W bautizado con el nombre de “Snow Cloud Five”, perteneciente al Escuadrón de Reconocimiento Aerotransportado y Detección Temprana de la Marina de los Estados Unidos.

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Lockheed P2V Neptune 3W 

En los mandos estaba el teniente comandante Grover B. Windham Jr. acompañado del teniente George W. Herlong como copiloto y el navegante teniente Thomas R. Morgan. También estaban como tripulantes, el técnico en electrónica Julius J. Mann, otro navegante, el teniente Thomas L. Greaney; el mecánico de aviación J. P. Windham, Jr., el  aviador Kenneth L. Klegg, el técnico en electrónica aérea Joseph F. Combs y el aerologista William A. Buck. Además, para este vuelo en especial, dos reporteros del periódico canadiense Toronto Daily Star Alfred O. Tate y Douglas Cronk, acompañarían los labores de estos militares. Ese día, la aeronave despegó a las 6:30 hora local cubana, para un largo vuelo de medición, a cada hora observaban cómo el tiempo se iba deteriorando llegando a ingresar dentro del huracán Janet, en donde recibieron los duros golpes de lluvias y vientos. Mientras los pilotos luchaban para mantener firme a la aeronave, los técnicos seguían enviando transmisiones radiofónicas a las estaciones que captaban su señal en tierra.

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Lockheed P2V Neptune 3W “Snow Cloud Five”

El vuelo tendría en total una duración de 10 horas extendiéndose incluso hasta las 12 horas dependiendo de las mediciones; eran las 13:30 GMT cuando la tripulación del Snow Cloud Five envió el ultimo mensaje en donde decía:

“Estamos a latitud 15.4° Norte, y 78.2° longitud Oeste, con visibilidad de 3 a 10 millas hacia adelante, estamos a 700 pies de altitud, vientos de 50° Noreste a 45 nudos por hora, tenemos lluvia intermitente, la presión en la superficie es de 100.3 milibares, los vientos a la superficie giran a 50° Noreste, a velocidad de 45 nudos por hora, iniciando penetración”.

Tras este mensaje, ya no se supo más nada del Snowcloud Five. En tierra, luego del prolongado silencio de la aeronave, empezaron a preocuparse y decidieron declarar emergencia por aeronave perdida. Para la búsqueda del avión y sus 11 tripulantes participaron diversos aviones, varios navíos y un total de 3.000 hombres. La búsqueda se centró en la ultima ubicación reportada por la tripulación y desde ahí iban aumentando el radio de búsqueda cada vez más. A pesar de un gran despliegue de rescate, no se encontró nada relacionada al equipo, ni manchas de aceite, balsas de salvavidas, ni siquiera alguna parte del Snowcloud Five, y muchos meno, a sus tripulantes. El Huracán Janet, literalmente se los había tragado. Tras más de medio siglo, el misterio persiste y ninguna sección del avión ni de las personas que viajaban fueron halladas, convirtiéndose así hasta la fecha en el único caso de pérdida total de un equipo completo de cazadores de huracanes.

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