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Las secuelas de aquel trágico vuelo 401 de la renombrada Eastern Airlines

La tan mediática historia del vuelo 401, una historia paranormal que no siempre la relacionamos con la aviación, pero en este evento te contamos, lo qué realmente pasó con esta empresa, que no solamente atravesó por duros momentos económicamente hablando, llegando hasta la bancarrota y cese de sus operaciones, sino realmente una línea aérea de daba que hablar por los hechos paranormales ocurridos en sus aviones, no solamente en tierra, sino inclusive en vuelos. 

El avión, que procedía de New York, era un Lockheed L-1011 TriStar, matriculado como N310EA, al mando del capitán Robert Loft (55), el primer oficial Albert Stockstill (39), y detrás el ingeniero aeronáutico Donald Respo, éste de 51 años de edad, llevando a bordo 163 pasajeros y 13 tripulantes.

El vuelo 401 había despegado del JFK a las 21:20 del 29 de diciembre de 1972, llegando a las 2 horas 10 minutos de vuelo, ya en la fase final de dicha ruta, la tripulación inicia los procedimientos de aproximación y aterrizaje. Al bajar el tren de aterrizaje, la luz indicadora del tren de nariz no ha encendido, por lo que contactan con la Torre de Control del aeropuerto internacional de Miami para informar que el aterrizaje será abortado para identificar la causa del problema. El comandante abordo asciende a dos mil pies (610 m.) y se dirige hacia el oeste, hacia la zona pantanosa de los Everglades, activando seguidamente el piloto automático. Considerando una falla en el panel de instrumentos, el piloto y copiloto tratan de solucionar la situación sin darse cuenta que el piloto automático ha sido desactivado involuntariamente; la aeronave va en descenso lentamente hasta colisionar en los pantanos. Fallecieron 101 personas debido al accidente, incluyendo a los tres tripulantes de la cabina de mando. 

Había pasado el tiempo, la operatividad de la flota de esta renombrada compañía siguió con normalidad. Pero al cabo de unos meses, empezaron a suceder cosas extrañas en otros TriStar de Eastern. En una ocasión, mientras dos pilotos de la aerolínea estaban en el cockpit haciendo comprobaciones rutinarias previas al despegue, un compañero de mediana edad y vestido con el uniforme reglamentario les indica que tengan cuidado con la posibilidad de encontrarse con una tormenta durante el vuelo, pero al mirar hacia atrás comprueban que tal compañero se desvanece, encontrándose la puerta de la cabina cerrada.

También otro caso documentado, es el de una tripulante de cabina que, en pleno vuelo, recibe la llamada de una pasajera que le muestra, asustada, a un hombre, vestido de piloto, que se encuentra sentado a su lado pero en un estado parapléjico, sin emitir sonido alguno ni movimientos. Al instante, el extraño desaparece frente a las mismas. Los casos seguían, y llega hasta un personal de mantenimiento que recibe la extraña visita de aquel fantasmal personaje en un avión estacionado en tierra. Fueron más de 20 casos registrados y contabilizados por testigos, por funcionarios de esta empresa aérea, pero también personas que no conocieron en vida a los protagonistas, el ingeniero aeronáutico de aquel trágico vuelo Don Repo, y al comandante de la aeronave, Bob Loft.

No son normales para una compañía aérea estos tipos de manifestaciones, tal es así que ha llegado un punto en el que las autoridades de dicha empresa informaron a cada funcionario que tenía totalmente prohibido divulgar o demostrar frente a pasajeros lo que estaba ocurriendo en el caso de avistamientos de espectros o eventos paranormales de cualquier índole. En definitiva, no es recomendable para estos tipos de trabajos aeronáuticos tanto en aire como en tierra, entrar en zozobra y descomponer un equipo de trabajo realizando tareas con armonía.

Corrían los rumores que partes del avión accidentado, específicamente, partes del galley (cocina del avión) fueron rescatados y puestos en distintas otras aeronaves de la misma flota, y es por eso que iban sucediendo diferentes fenómenos que por su naturaleza, no eran normales.

Para aquella época, y hasta la actualidad, generó un interés público por la cantidad de rumores recibidos por parte de la compañía aérea que iba en picada; fueron éstas las reacciones del público en general cuando fueron publicados libros y hasta filmes en honor a estos sucesos. Una de ellas fue el libro titulado Crash (1997), por Rob y Sarah Elder, donde es relatado del comienzo al fin de la tragedia de aquella noche de diciembre de los años ’70; también, el libro publicado por el periodista de la US Flight Safety Foundation, John G. Fuller, titulado El Fantasma del Vuelo 401 (1976), esta última en su versión cinematográfica “The Gost of Flight 401” con Steven H. Stern.

De por sí, esta historia de misterio y suspenso da mucho de qué hablar por varias personas que vivieron alguna que otra experiencia o de simples personas que hasta hoy día se preguntan, ¿qué realmente pasaba dentro de una de las mayores compañías aéreas del mundo, la Eastern Airlines?

Mitsubishi experimenta revés con cancelación de pedidos

Por Gustavo Galeano

La línea aérea con base en el aeropuerto internacional de Miami, dedicada a vuelos chárter principalmente a Cuba, ve su negocio amenazado tras la reapertura de los vuelos comerciales regulares entre los Estados Unidos y la isla comunista, por lo que su servicio prácticamente no tiene razón de ser, al menos en vuelos que partan desde Florida. Su operativa se redujo a la mínima expresión y potencialmente declararía su quiebra.

Eastern había encomendando 20 MRJ al fabricante japonés en 2014 con opción a otros 20 en los próximos años.

Mitsubishi, con sede en Nagoya, no especificó las razones del levantamiento de la orden, pero los retrasos reiterados en el desarrollo del programa del primer jet de pasajeros japonés en más de 50 años ponen en duda su incursión con éxito en el mercado.

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La firma nipona, que lanzó el avión MRJ en el Paris Air Show en 2007, debió haber entregado la primera unidad a su cliente lanzamiento ANA ya en 2013. Mitsubishi preparaba dos variantes, una de 70 plazas y otra de 90, pero finalmente decidió enfocarse solo en la versión de mayor capacidad de asientos.

El MRJ90 sedujo a clientes alrededor del mundo por sus innovaciones como aleaciones metálicas más ligeras, aerodinámica de avanzada y eficientes motores Pratt & Witney Pure Power, mismos usados en sus competidores Embraer E-Jet E2, Bombardier CSeries y hasta en los A320neo.

A la fecha, el proyecto acumula 213 pedidos firmes de parte de líneas aéreas de Japón, Estados Unidos y otros países.

A 34 años de la tragedia del EA980 que conmocionó al Paraguay

La aeronave Boeing 727-200 se estrelló en el Monte Illimani, a pocos cientos de kilómetros de La Paz, durante su aproximación al aeropuerto El Alto de la capital boliviana, dos horas después de haber despegado desde el entonces aeropuerto Presidente Stronessner, hoy Silvio Pettirossi, que sirve al Gran Asunción.

Las nuevas generaciones no recordarán esta tragedia en la que murieron 29 personas, 19 de las cuales volaban como pasajeros. Sin embargo, la sociedad paraguaya tiene marcado el acontecimiento en el que viajó toda la familia Matalón: Enrique, su esposa Letizia y sus tres hijos. Esto había generado un fuerte litigio en la familia por la sucesión de los bienes que finalmente se resolvió a mediados de los años 90’s.

El diario New York Times recogió también la información, primero por la presencia de estadounidenses en la aeronave, y, segundo, por tratarse de una aerolínea norteamericana. La crónica recuerda que también falleció Marian Davis, esposa del entonces embajador de los Estados Unidos en Paraguay, Arthur Davis. La mujer iba a visitar a sus parientes. También pereció William Kelley, director en ese entonces del Cuerpo de Paz en nuestro país. El marino de Estados Unidos Jonathan Watson, que iba viajaba al país del norte para casarse, un grupo de 8 coreanos de la entonces ciudad de Puerto Presidente Stroessner (hoy Ciudad del Este), un rugbier del Curda, una alumna del Colegio Teresiano, entre otros.

Otras historias que salieron a la luz mencionaban que un grupo de viajeros llegó tarde al aeropuerto justo cuando cerraban puertas y no se les permitió abordar, lo que los salvó de la muerte. Un mecánico paraguayo de Eastern iba a viajar en el vuelo, pero a último momento decidió postergarlo. La familia Matalón, según comentan, al parecer no quería volar con Eastern ni con LAP, quería hacerlo con Varig, pero estaban en lista de espera para esa fecha.

El viaje de los Matalón era un regalo de reyes para sus hijos recorriendo varias ciudades de Estados Unidos. La misma familia Matalón había extraviado los billetes por un buen tiempo y estaban por postergar el viaje cuando lo hallaron en el fondo de un placard. En los años 80’s era necesario el pasaje impreso, a diferencia de la actualidad en donde uno puede embarcar con solo una documentación válida que lo acredite como pasajero.

En el trágico vuelo se decía que habían cargas comprometedoras, lo cual nunca fue comprobado.

La agencia UPI recordó que el capitán Larry Campbell realizaba su primer vuelo en América Latina y este iba a ser su segundo aterrizaje en La Paz, en donde el aeropuerto El Alto, era en ese entonces –lo sigue siendo– uno de los más complicados para los pilotos por hallarse muy cerca de la Cordillera de los Andes, a 3.922 metros sobre el nivel del mar. Nadie sabe con certeza qué pasó en los minutos finales de aquel vuelo. El último contacto se tuvo a las 19:37 de ese martes 1 de enero de 1985.

Las crónicas de ese tiempo recuerdan lo difícil que fue acceder a la zona donde se estrelló el avión. Solo se pudo confirmar que así fue después de un sobrevuelo en helicóptero y de que indios aimara hayan escalado la montaña y visto algunos restos del avión desde lejos, ya que el sitio era inaccesible. La nieve cubrió por completo cualquier rastro de la aeronave, la cual ya jamás fue encontrada, salvo algunos fragmentos en 2006 por parte del equipo de Futrell. Sin embargo, ninguno de los cuerpos pudo recuperarse.

Como dato anecdótico y como una increíble casualidad, ese mismo 1 de enero de 1985 partió dos horas antes el vuelo inaugural de LAP sin escalas a Miami con más de 200 pasajeros a bordo de un McDonnell Douglas DC-8. Como se trataba de un hecho trascendental para la conectividad del país, la prensa de la época se apostó en la terraza del aeropuerto y en las fotos y filmaciones se ve de fondo al malogrado avión de Eastern que unas horas después desaparecía para siempre.

Según recuerda Roberto Poletti, funcionario de Eastern en Paraguay, el flamante Boeing 727-200 de solo dos años de antigüedad estaba dotado de lo último en tecnología, incluyendo sistemas anticolisión. La tripulación estadounidense había arribado al país dos días antes, y se hospedó en el conocido hotel Itá Enramada de la época.

En esos años, los vuelos Miami – Asunción eran realizados los miércoles, viernes y domingos, y en sentido contrario, la ruta Asunción – Miami, los martes, jueves y sábados. Las frecuencias incluían paradas en La Paz, Bolivia y Lima, Perú.

American Airlines compró las rutas de la quebrada Eastern en 1990 y comenzó a volar a los destinos antes servidos por la primera, incluyendo a Asunción, Paraguay.

Buscando restos del EA980 accidentado en Bolivia habiendo salido de Paraguay

Pero el año pasado, dos jóvenes estadounidenses decidieron echar un vistazo y terminaron encontrando mucho más que lo hallado por los investigadores oficiales.

“¿Cuáles son las probabilidades de que un par de “cabezas huecas”, sin experiencia en montañismo suban a la cima de esta montaña de 6400 metros y encontraran algo?”, pregunta Isaac Stoner, uno de los jóvenes.

“Todavía pensé que serían unas vacaciones tranquilas”.

La idea

Fue su compañero de piso, Dan Futrell, quien se le ocurrió la idea un sábado por la tarde en 2015, mientras buscaba en internet avances sobre la investigación del vuelo MH370 de Malaysia Airlines desaparecido en marzo de 2014.

Se encontró en una página de Wikipedia con 19 registros de vuelos perdidos y uno de ellos inmediatamente llamó su atención: el vuelo 980 de Eastern Airlines que se había estrellado en Bolivia en 1985, cuando iba a aterrizar en La Paz.

A diferencia de la mayoría de las cajas negras que faltaban, ésta no estaba en el fondo del mar, estaba en tierra. No se había encontrado, según Wikipedia, debido a la “extrema altitud e inaccesibilidad del lugar del accidente”. Pero para Futrell sólo parecía “un típico pico andino”.

“Estábamos en el sofá bebiendo cerveza”, recuerda Stoner, “y Dan dijo: ‘Mira, esta caja negra está en la cima de una montaña en Bolivia. Vamos a buscarla’”.

Futrell, de 32 años, un ex soldado que realizó dos viajes a Irak, dice que extraña el ejercicio físico ahora que trabaja en una compañía de Internet en Boston. Y convenció a Stoner, de 31 años, que trabaja en una empresa de biotecnología, para que lo acompañara.

Empezaron a averiguar más sobre el vuelo 980 de Eastern Airlines. Había partido de Asunción, Paraguay, el día de año buevo de 1985, rumbo a Miami vía La Paz, llevando a 19 pasajeros y 10 tripulantes.

El Boeing 727 acaba de ser autorizado para aterrizar en el aeropuerto de El Alto a las 19:47, cuando se desvió de su ruta y se estrelló en el Monte Illimani, el pico de 6462 metros sobre el nivel del mar que se eleva sobre La Paz.

Todos a bordo murieron.

Especulaciones

El sitio del accidente fue localizado un día más tarde por la fuerza aérea boliviana, sin embargo un equipo de búsqueda debió regresar por las fuertes nevadas. En total, al menos cinco expediciones subieron la montaña en los 30 años siguientes, pero ninguna recuperó cuerpos ni grabaciones del vuelo.

Como el contrabando era frecuente en los vuelos de América del Sur a Miami, las teorías de la conspiración no tardaron en aparecer.

Cinco miembros de una de las familias más ricas de Paraguay viajaban en ese vuelo y el embajador de Estados Unidos en Paraguay también lo hubiera hecho si no hubiese cambiado sus planes en el último minuto.

Una teoría sin fundamento incluso alega que un escalador que encontró los restos dos días después del accidente sacó las cajas negras para deliberadamente impedir cualquier investigación.

Stoner comenzó a ponerse en contacto con escaladores en Bolivia para ver si dos “tipos comunes” sin experiencia de montañismo podrían hacer el viaje. Uno, Robert Rauch, dijo que sí.

“Él nos dijo ‘puedo llevarte justo donde están los restos’.

“Resulta que el glaciar donde se había estrellado el avión se había retirado y no había mucha nieve, por lo que podríamos ver restos no vistos en décadas”, dice Stoner.

Rauch también reveló que algunos de los restos habían caído sobre un acantilado, quedando a unos 900 metros por debajo del resto del avión.

Este sitio inferior era más accesible y un buen lugar para comenzar la búsqueda.

Sin embargo, el lugar todavía era alto. Se encuentra en altitudes entre 4.000 y 6.000 metros, donde los niveles de oxígeno son 50% más bajos que al nivel del mar.

Entrenamiento

Rauch les advirtió que necesitarían al menos tres semanas en La Paz para aclimatarse, pero esto era más tiempo del que tenían disponibles.

“Le dijimos que teníamos un total de dos semanas de vacaciones”, dice Futrell.

“Así que nos recomendó dormir en una tienda de altitud de antemano. Alquilamos una y la instalamos en el sótano. Tiramos nitrógeno y simulamos un ambiente con bajo oxígeno. Fue horrible y terminamos con dolores de cabeza”.

El escalador profesional también recomendó que sumaran fuerza en los brazos para poder escalar en hielo.

“(Hicimos) un montón de flexiones de brazos con las mochilas puestas”, dice Futrell.

“Isaac lo intentó y yo hice todas las flexiones por los dos. Lo imaginaba colgando del final de un acantilado y yo siendo la única persona que podría salvar su vida”.

“Pensé en cortar la cuerda y enviar a Dan hasta el fondo del abismo”, bromea Stoner.

El otro entrenamiento incluyó subir y bajar las gradas del estadio de fútbol de Harvard en Boston.

También recibieron una prescripción médica para Diamox, una droga que ayuda al cuerpo a absorber oxígeno.

La aventura

El 17 de mayo del año pasado volaron al aeropuerto de El Alto, en Bolivia, donde se reunieron con su guía de equipo Robert Rauch, el cocinero boliviano José Lazo y el periodista Peter Frick-Wright, quien escribió una historia detallada para la revista Outside.

Después de unos días de aclimatación, condujeron a un pico cercano para practicar ejercicios de emergencia.

Los amigos planeaban dividir su tiempo entre el sitio inferior del que Rauch les había hablado y el lugar del impacto en el glaciar, más arriba de la montaña, donde la cola del avión aún estaba enterrada en la nieve.

“Robert decidió que el mejor curso de acción sería subirnos a una montaña, enseñarnos cómo caminar en el hielo, porque honestamente no sabíamos lo que estábamos haciendo cuando se trataba de crampones y hachas de hielo y de ser atado en una cuerda”, dice Stoner.

Los amigos también lucharon con los cambios en la temperatura que viraban de -6 grados Celsius en la sombra a 9 grados Celsius en el sol.

“Sabíamos que íbamos a sufrir”, dice Futrell, “y de hecho eso fue parte del este viaje. Las cosas valiosas a menudo son un desafío y eso es lo que buscábamos”.

Dificultades

El equipo partió para su campamento base a 4.700 metros sobre el nivel del mar en una camioneta con tracción en las cuatro ruedas, aunque a 3 km de su destino final se detuvieron. El camino había sido bloqueado por rocas y tuvieron que continuar caminando.

“Acampamos en una vieja, abandonada y espeluznante mina con una vista al gran acantilado donde ocurrió el accidente”, dice Stoner.

“De vez en cuando ocurría una avalancha lejana que sonaba como un tren fuera de control. Aparte de eso, todo era silencio. Estábamos arriba del nivel de las nubes y era un paisaje realmente salvaje y hermoso”.

Al día siguiente caminaron 45 minutos y, como Rauch había prometido, se encontraron en medio de los restos del avión.

Los escombros estaban esparcidos por 1,5 km cuadrados de tierra rocosa. Piezas de plástico mutilado y cables se mezclaban con cubiertos, ruedas y equipo de cabina roto.

La primera cosa que vieron, sin embargo, fue un chaleco salvavidas,”una pieza de equipo destinada a salvar la vida de alguien”, como lo describió Futrell.

“Así que no sólo sabíamos que estábamos en el lugar correcto, sino que nos recordaron instantáneamente que aquí hubo una tragedia para 29 familias”, añade.

“Habíamos planeado un patrón de búsqueda de cuadrícula pero en nuestra emoción decidimos primero ir en diferentes direcciones y echar un vistazo”, dice Futrell.

Sin palabras

Los amigos estaban ocupados recorriendo los escombros cuando Rauch los llamó a sus intercomunicadores. Se apuraron para ver lo que había encontrado.

Lentamente se dieron cuenta de que estaban mirando un fémur humano que yacía entre los escombros.

“Nos tomamos un momento, intentamos decir algunas palabras, pero no conseguimos nada”, dice Stoner.

El descubrimiento refutó una teoría de conspiración presentada por el expiloto de Eastern Airlines, George Jehn, en su libro Final Destination: Disaster (Destino Final: desastre).

Después de que no se encontraron restos en las primeras cinco expediciones, sugirió que una bomba había despresurizado la cabina y había expulsado a los pasajeros del avión.

Esto habría arrojado los cuerpos lejos de los restos del avión.

Sin embargo, Futrell, Stoner y sus compañeros encontraron seis partes de cuerpos humanos en lugares separados.

“La mayor esperanza”

Decidieron entonces enterrar cada hallazgo, marcar el lugar con un geomarker y una pila de rocas, por si alguien quería retirarlas en otro momento.

“También encontramos cubiertos del servicio de comida, un fregadero de uno de los baños, zapatos, camisas y chaquetas con rayas de piloto en ellos. Encontramos el tobogán de emergencia y chalecos salvavidas, ventanas de avión, tren de aterrizaje y parte del tablero de instrumentos de la cabina “, dice Futrell.

“Había cables por todas partes y miles de pieles de reptiles que probablemente fueron contrabandeados”.

Sin embargo, no había ninguna señal de las cajas negras, que a pesar de su nombre, son típicamente de un color naranja brillante.

“Estábamos encontrando trozos de metal naranja todo el tiempo, pero me aferraba a la esperanza de que no eran piezas de la caja negra ya que se supone que resisten al impacto de un avión chocando contra una montaña”, dice Stoner.

Pero en el último día de búsqueda en el sitio inferior, Stoner desenterró una pieza de metal con una etiqueta pegada a algunos cables que decía “CKPT VO RCRD”, una abreviatura de Cockpit Voice Recorder (Grabadora de Voz de la Cabina).

Ellos pensaron que esto probablemente significaba que al menos uno de los grabadores se había roto. No muy lejos, encontraron un carrete de cinta magnética.

¿Tendría una grabación de los momentos finales de la aeronave?, Futrell describe esto como su “mayor esperanza”.

Más problemas

Después de tres o cuatro días en el sitio inferior, el equipo decidió seguir subiendo al lugar donde estaban la mayor cantidad de escombros y hasta un campamento base más alto.

Se pusieron en marcha a las 04:30 de la mañana siguiente, pero pronto se encontraron en graves problemas.

“Habíamos querido subir y volver en un día, pero nos dimos cuenta de que no teníamos tiempo para hacerlo. Íbamos más lento ya que éramos inexpertos en el montañismo y nuevas hendiduras se había abierto en el suelo lo que significaba que teníamos que buscar rutas más largas y difíciles”, dice Futrell.

Finalmente decidieron que era demasiado arriesgado y volvieron atrás.

El regreso

Volviendo a La Paz, empaquetaron los trozos de metal naranja, cables y cintas que habían encontrado y volaron a Boston con ellos.

Sospechaban que esto podría romper las reglas de las investigaciones aéreas, pero decidieron que era lo correcto.

“Sabíamos que en Estados Unidos había un laboratorio especializado en el gobierno que nos daría la mejor respuesta para saber la razón de por qué el avión cayó. Además era un avión de Estados Unidos y no había bolivianos a bordo”, dice Stoner.

De regreso a casa en EE.UU., sin embargo, tuvieron un problema.

La Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), el departamento de EE.UU. encargado de investigar los accidentes de avión, no quería tocar los paquetes.

“Ellos dijeron ‘buen trabajo chicos, pero no podemos hacer nada con él a menos que obtengamos la aprobación boliviana’”, dice Futrell.

Los amigos pasaron meses enviando correos electrónicos y cartas y llamando a funcionarios bolivianos.

“Así que la caja negra estuvo en nuestro apartamento, en la cocina junto a la comida para perros durante siete meses”, dijo Stoner a finales de 2016. “Y realmente se había convertido en una parte clave de la estética decorativa del departamento”.

Finalmente, en diciembre, fueron contactados por el capitán Edgar Chávez, inspector de operaciones de la Dirección General de Aviación Civil de Bolivia, quien dio permiso al NTSB para analizar el material.

Así que el 4 de enero, Futrell y Stoner entregaron los fragmentos de avión a Bill English del NTSB, que los llevó a un laboratorio en Washington.

“Buen trabajo chicos, gracias”

Los amigos habían llegado a la conclusión de que el mal tiempo, la difícil llegada al aeropuerto de El Alto y los equipos poco fiables, probablemente habían sido parte del accidente.

Sin embargo, los datos de la grabadora de voz podían dar respuestas concluyentes a las familias que habían perdido a sus seres queridos.

“Teníamos gente que nos contactaba desde Paraguay, miembros de las familias en Estados Unidos, hasta una vieja novia del piloto me llamó por teléfono”, dice Stoner, “y la mayoría de ellos nos decía: ‘Buen trabajo chicos, gracias’”.

Uno de los miembros de la familia era Stacey Greer, la hija de Mark Bird, el ingeniero de vuelo en Eastern Airlines Vuelo 980. Greer tenía sólo dos años cuando su padre murió.

“Me sorprendió que alguien estuviera interesado en averiguar lo que pasó y me dio la esperanza de que la gente todavía se preocupara”, dice Greer.

Ella le pidió a Futrell y Stoner que le trajeran algo de metal del avión.

“Fue un encuentro muy conmovedor”, dice Futrell. “Ella puso sus manos en el pedazo del avión, el último avión que su padre voló y que le quitó la vida. Ella se llevó ese pedazo de metal a su casa y lo convirtió en un collar en memoria de su padre y su pérdida”.

“Por lo general, hay una tumba o un monumento para alguien a quien uno perdió, pero mi familia nunca hubo, ahora tenemos algo”, dice Greer.

“Decepcionados”

El 7 de febrero de 2017, el NTSB publicó un comunicado.

Futrell y Stoner no habían encontrado el grabador de vuelo de la cabina, dijo, sino el bastidor que lo había fijado al avión.

Y la prometedora cinta resultó ser “una grabación de 18 minutos del episodio ‘Trial by Treehouse’ (Ensayo de la Casa del Árbol) de la serie de televisión ‘I Spy’ (Soy Espía), doblado en español”.

“No hace falta decir que estamos decepcionados”, escribió Futrell en su blog.

Sin embargo, significa que las dos grabaciones están todavía en la montaña y podrían estar intactas.

Futrell y Stoner esperan que otros sigan sus pasos.

Ya un miembro de las fuerzas estadounidenses declaró su intención de organizar una expedición para recuperar restos humanos.

“Esta tragedia realmente merece una investigación gubernamental formal, con recursos,” dice Futrell.

“Hemos demostrado que el ‘terreno inaccesible’ es una razón inaceptable para no cerrar esta investigación”.

*BBC

Hallaron restos humanos del accidente del Eastern EA980

Ver también: La trágica historia del Eastern EA980 Asunción – Miami que conmocionó al Paraguay en 1985.

Los exploradores estadounidenses que documentan evidencias del accidente aéreo en los Andes, Bolivia, donde fallecieron 29 personas hace más de 30 años, encontraron seis restos humanos.

Tras hacerse pública la expedición de Dan Futrell e Isaac Stoner a través del blog Operation Thonapa, varias personas contactaron con ellos, entre ellas más de seis familiares de las víctimas, para saber los detalles acerca de los hallazgos, que incluyen seis restos humanos.

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También documentaron en fotografías algunas pertenencias de las víctimas, los fragmentos del avión de la compañía Eastern, así como pieles de yacaré, que según sospechan formaban parte de un cargamento de contrabando que transportaba desde Paraguay la aeronave estrellada en la montaña Illimani el 1 de enero de 1985.

Uno de los atuendos que encontraron tiene la inscripción de la embajada de Estados Unidos en Paraguay, que pertenecería a uno de los guardias del grupo diplomático conformado por Marian Davis, esposa del entonces embajador Arthur H. Davis, y el director del Cuerpo de Paz de Estados Unidos, William Kelly.

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Sin embargo, en la última actualización de la operación, los estadounidenses aclaran que no publicarán las fotografías de los fallecidos por respeto a las víctimas y sus familiares. Tampoco facilitarán su difusión a través de los medios de comunicación, sino que entregarán a investigadores para su procesamiento correspondiente.

Estos aventureros decidieron buscar las cajas negras del avión que podría determinar la causa del accidente ocurrido hace 31 años. Thonapa es el nombre que escogieron para la operación, en homenaje al dios inca del conocimiento.

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En la noche del 1 de enero de 1985, el Boeing 727-200 partió de Asunción rumbo a Miami cubriendo el vuelo EA980 con escalas en La Paz (Bolivia) y Lima (Perú). Iban a bordo 29 personas, entre ellas siete paraguayos, coreanos, estadounidenses y chilenos.

El comerciante Enrique Matalón viajaba en aquel vuelo rumbo a Estados Unidos, junto con su esposa, Leticia Ullón, y sus tres hijos, Vicente Enmanuel, Enrique y Leticia Arlette. Los otros dos compatriotas que fallecieron en el accidente son Julio Octavio Alvarado Pérez, jugador de rugby y socio fundador del club Curda, y María Cecilia Facetti, una estudiante de 18 años que pensaba pasar las vacaciones en Estados Unidos y al mismo tiempo reforzar sus prácticas de inglés, según los datos que publicaba Última Hora en los días posteriores al accidente.

  • Con información de Última Hora

La tragedia del Eastern EA980 que conmocionó al Paraguay

La historia resucita porque dos estadounidenses afirmaron haber encontrado la caja negra de este Boeing 727-200 de Eastern que se estrelló en el Monte Illimani, a pocos cientos de kilómetros de La Paz, Bolivia, dos horas después de haber despegado desde Asunción y que tenía como destino final la ciudad de Miami, Florida – Estados Unidos, el día 1 de enero de 1985, hace 31 años.

La “Operación Thonapa” fue llevada a cabo por Dan Futrell y Isaac Stoner, quienes se propusieron volar desde EE.UU. hasta Bolivia, y con la ayuda de guías, encontrar los restos del avión. La historia se narra en el blog de la “Operación”.

“Sentimos que por respeto a las familias que sufrieron enormemente por la tragedia del vuelo EA980 de Eastern no podemos compartir más datos que los que pusimos en nuestro blog. Actualmente, estamos en proceso de encontrar a las autoridades apropiadas para determinar qué información se puede extraer de las cajas negras y cuáles datos pueden extraerse de la cinta que encontramos. Recién en otoño (primavera austral) publicaremos las conclusiones y daremos entrevistas a la prensa”.

Las nuevas generaciones no recordarán esta tragedia en la que murieron 29 personas, 19 de las cuales volaban como pasajeros. Sin embargo, la sociedad paraguaya tiene marcado el acontecimiento en el que viajó toda la familia Matalón: Enrique, su esposa Letizia y sus tres hijos. Esto había generado un fuerte litigio en la familia por la sucesión de los bienes que finalmente se resolvió a mediados de los años 90’s.

El New York Times recogió también la información, primero por la presencia de estadounidenses en la aeronave, y, segundo, por tratarse de una aerolínea norteamericana. La crónica recuerda que también falleció Marian Davis, esposa del entonces embajador de EE.UU. en Paraguay, Arthur Davis. La mujer iba a visitar a sus parientes. También pereció William Kelley, director en ese entonces del Cuerpo de Paz en nuestro país. Un marino de EE.UU., Jonathan Watson, iba hasta los EE.UU. para casarse, un grupo de 8 coreanos de la entonces ciudad de Puerto Presidente Stroessner (hoy Ciudad del Este), un rugbier del Cristo Rey, una alumna del Colegio Teresiano, entre otros.

Otras historias que salieron a la luz mencionaban que un grupo de viajeros llegó tarde al aeropuerto justo cuando cerraban puertas y no se les permitió abordar, lo que los salvó de la muerte. Un mecánico paraguayo de Eastern iba a viajar en el vuelo, pero a último momento decidió postergarlo. La familia Matalón, según comentan, al parecer no quería volar con Eastern ni con LAP, querían hacerlo con Varig, pero estaban en lista de espera para esa fecha.

El viaje de los Matalón era un regalo de reyes para sus hijos recorriendo varias ciudades de Estados Unidos. La misma familia Matalón había extraviado los billetes por un buen tiempo y estaban por postergar el viaje cuando lo hallaron en el fondo de un placard. En los años 80’s era necesario el pasaje impreso, a diferencia de la actualidad en donde uno puede embarcar con solo una documentación válida que lo acredite como pasajero.

En el trágico vuelo se decía que habían cargas comprometedoras, lo cual nunca fue comprobado.

La agencia UPI recordó que el capitán Larry Campbell realizaba su primer vuelo en América Latina y este iba a ser su segundo aterrizaje en La Paz, en donde el aeropuerto, El Alto, era en ese entonces –lo sigue siendo– uno de los más complicados para los pilotos por hallarse muy cerca de la Cordillera de los Andes a 3.922 metros sobre el nivel del mar. Nadie sabe con certeza qué pasó en los minutos finales de aquel vuelo. El último contacto se tuvo a las 19:37 de ese martes 1 de enero de 1985. Las cajas negras, que ahora se hallaron, podrían ayudar a dilucidar el hecho, pero muy probablemente esto resulte imposible, debido al mal estado de las mismas y la cantidad de años que permanecieron a la intemperie bajo condiciones climáticas dramáticas.

Las crónicas de ese tiempo recuerdan lo difícil que fue acceder a la zona donde se estrelló el avión. Solo se pudo confirmar que así fue después de un sobrevuelo en helicóptero y de que indios aimara hayan escalado la montaña y visto algunos restos del avión desde lejos, ya que el sitio era inaccesible. La nieve cubrió por completo cualquier rastro de la aeronave, la cual ya jamás fue encontrada, salvo algunos fragmentos en 2006 por parte del equipo de Futrell. Sin embargo, ninguno de los cuerpos pudo recuperarse. Hubo otros accidentes en la zona, tanto de aviones como alpinistas en cuyos casos fueron encontrados semimomificados; no es el caso del vuelo EA980 de Eastern.

Como dato anecdótico y como una increíble casualidad, ese mismo 1 de enero de 1985 partió dos horas antes el vuelo inaugural de LAP sin escalas a Miami con más de 200 pasajeros a bordo de un McDonnel Douglas DC-8. Como se trataba de un hecho trascendental para la conectividad del país, la prensa de la época se apostó en la terraza del aeropuerto Presidente Stroessner (hoy Silvio Pettirossi), y en las fotos y filmaciones se ve de fondo al malogrado avión de Eastern que unas horas después desaparecía para siempre.

Según recuerda Roberto Poletti, funcionario de Eastern en Paraguay, el flamante Boeing 727-200 de solo dos años de antigüedad estaba dotado de lo último en tecnología, incluyendo sistemas anticolisión. La tripulación estadounidense había arribado al país dos días antes, y se hospedó en el conocido hotel Itá Enramada.

En esos años, los vuelos Miami – Asunción eran realizados los miércoles, viernes y domingos, y en sentido contrario, la ruta Asunción – Miami, los martes, jueves y sábados. Las frecuencias incluían paradas en La Paz – Bolivia y Lima – Perú.

Eastern cerró sus operaciones en 1991, aunque otra empresa se hizo cargo ahora de la misma y opera con el mismo nombre y hasta con mismo esquema visual. Eastern Ailines es hoy una compañía chica que hace mayoritariamente vuelos regionales y charter desde Miami.

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American Airlines compró las rutas de la quebrada Eastern en 1990 y comenzó a volar a los destinos antes servidos por la primera, incluyendo a Asunción, Paraguay.

* Con información de ABC Color y Roberto Poletti

Encuentran restos de avión de Eastern estrellado en Bolivia hace 31 años

 El vuelo EA980 de la desparecida Eastern Airlines cubriría la ruta Asunción – Miami el día 1 de enero de 1985. El trayecto era operado con un Boeing 727-200 y tenía paradas programadas en La Paz, Bolivia, Lima, Perú y Ciudad de Panamá, Panamá. Jamás llegaría a su primera parada, durante su descenso al aeropuerto El Alto se estrelló contra el Illimani matando a todos sus ocupantes, la mayoría paraguayos, conocidas personalidades de la época, entre ellos toda la familia Matalón, un grupo de coreanos de la entonces ciudad de Puerto Presidente Stroessner (hoy Ciudad del Este), la esposa del embajador de Estados Unidos en Paraguay, entre otros. En total perecieron 29 personas cuyos restos nunca fueron encontrados hasta hoy.

Síntesis del siniestro: http://foros.aeronauticapy.com/foros/foro/index.php?topic=269.msg7978#msg7978

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Después de la catástrofe los expertos declararon que había sido imposible recuperar las cajas negras debido a la inaccesibilidad del lugar al que cayó el avión. Dan Futrell y Isaac Stoner conocieron la historia hace un año y decidieron afrontar el reto y subir a la montaña para encontrar los restos de la aeronave y gozar de una aventura.

Los dos estadounidenses lograron recuperar una parte de ala de la aeronave, así como unos fragmentos de color anaranjado que pueden ser partes de los registradores de vuelo.

 “Todavía tenemos mucho trabajo que hacer, pero estamos contentos de poder anunciar que cumplimos nuestro objetivo, localizamos el lugar del siniestro y recuperamos las cajas negras”, declaró Futrell.

La devastación del impacto fue tan potente que miles de piezas del aparato se esparcieron por kilómetros cuesta abajo.

  • Con información de RT
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