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Viktor Belenko, el hombre que puso en vilo la seguridad mundial

El día 6 de setiembre de 1976, hace poco más 43 años, el mundo occidental vio con mucho asombro al avión de combate más secreto que la Unión Soviética mantenía en esa época. Aquella tarde, los habitantes de la ciudad japonesa de Hakodate en la isla de Hokkaido, dirigieron su vista a una figura inusual que sobrevolaba su espacio aéreo, aquella aeronave no era del tipo comercial que acostumbraban a ver; era nada más y nada menos que el avión de reconocimiento e interceptor de alta velocidad, el MiG-25, cuya existencia solo se conocía a través de rumores.

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MiG-25 volando a baja altura sobre la ciudad de Hakodate

Este interceptor de alta velocidad solo era conocido a través de las pocas informaciones que pudieron atravesar las duras cortinas de la Unión Soviética. El МиГ-25 o MiG-25 era una aeronave diseñada y producida por las oficinas de OKB (Mikoyan-Gurevich). Su primer vuelo fue en el año 1964, entrando en servicio seis años después; alcanza una velocidad de Mach 2.83 (3200 km/h), pero se creía que podía superar la increíble velocidad de Mach 3.6 (3.600km/h). El avión llamó mucho la atención de las agencias de seguridad de los Estados Unidos, ya que poseía un diseño similar al caza F-15 “Eagle” que en ese momento estaba siendo desarrollado por la USAF para reemplazar a los F-105 Thunderchief. Además, se creía que por sus grandes superficies alares y grandes entradas de aire podía alcanzar altas velocidades como cualquier otra aeronave del occidente. En pocas palabras era la aeronave desarrollada de forma ultra secreta por la Unión Soviética que intrigaba a los más altos departamentos de la agencia de seguridad de toda potencia militar.

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Mikoyan-Gurevich MiG-25

Para poder entender el contexto político en el que ocurrió este insólito hecho, hay que tener en cuenta que solo pasaron algunos años de haber superado la crisis de los misiles en Cuba, pero con la Unión Soviética siguiendo a pleno con su carrera armamentista nuclear por lo que el mundo aún respiraba con vilo el ambiente a Guerra Fría y el continente europeo dividido en dos partes; por un lado se tenía a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) integrada por casi todos los países europeos y por otra parte el Bloque Este llamado Pacto de Varsovia liderado por la Unión Soviética, diseñado para contrarrestar las amenazas del lado oeste. Justamente en este país bajo el régimen comunista nacía y se criaba el protagonista de esta historia, el Teniente en Aviación Viktor Ivanovich Belenko; que a su joven edad de 21 años pasaba a formar parte de la élite de los pilotos soviéticos destinados a la defensa aérea. Nadie dudaba de la exitosa carrera que le esperaba a Viktor Belenko como piloto, de hecho era uno de los mejores de su unidad y hasta se desempeñaba como instructor de vuelo.

Como todo piloto de la élite, Viktor Belenko esperaba que el gobierno soviético lo tratase de acuerdo a su estatus, pero la realidad estaba muy distante a lo que el joven piloto esperaba de su amada madre patria. En aquel entonces la prestigiosa Fuerza de Defensa Aérea de la Unión Soviética (VVS) estaba sucumbida por la corrupción y la miseria hasta tal punto en que el alcohol necesario para el mantenimiento de los aviones era consumido como bebida alcohólica por el personal militar e incluso vendida en el mercado negro en donde se pagaba una buena suma ya que su alto grado de concentración por encima del vodka lo convertía en muy codiciado. Fue así que Belenko en su desesperación solicitó su transferencia para ser parte de la prestigiosa división Regimiento 513 de los MiG-25 que eran destinada a la protección de las fronteras; una unidad en donde solo los mejores entre los mejores pilotos podían acceder. Belenko, de carácter honesto y recto, pensó que finalmente en esa unidad encontraría a los verdaderos pilotos que servían a la amada Unión Soviética con patriotismo; pero fue en ese lugar en donde percibió que la patria ideal equitativa promovida por el gobierno soviético era solo una falacia creada por la propaganda comunista.

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MiG-25 destinado a la Base Aérea de Chuguyevka

Fue así que Viktor Belenko empezó a diseñar su deserción y posterior pedido de asilo al gobierno norteamericano llevando consigo como “obsequio” al poderoso MiG-25; pero eso no era una tarea simple, ya que la autonomía del caza era muy reducida y llegar con él hasta las costas de los Estados Unidos era totalmente imposible por lo que tuvo que cambiar su objetivo, eligiendo la base aérea de Chitose en la isla de Hokkaido en Japón, que era aliado de los Estados Unidos y se encontraba dentro del rango de autonomía del MiG-25. Pero aun así, su plan necesitaba reunir ciertas condiciones para llevar adelante; una de ellas era esperar el día de práctica de lanzamiento de misiles ya que eran los únicos días en donde los MiG-25 eran abastecidos completamente con combustible, además como la práctica se realizaba en formación de tres aviones cada escuadrón, debía esperar a que Belenko sea posicionado en la retaguardia para poder así escapar de sus compañeros sin ser percibido y finalmente volar a muy baja altura de la superficie del mar para así eludir los radares soviéticos entre otros.

Afortunadamente no tuvo que esperar mucho, ya que a solo cuatro semanas de haber ideado su plan, llegó el día en que todas las condiciones se juntaban, bueno, casi todas.

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Era el día 6 de setiembre, ese día varios aviones MiG-25 despegarían para una práctica rutinaria de lanzamientos de misiles; todos ellos fueron abastecidos con tanques llenos de combustible, y Belenko formaba parte del escuadrón que volaría la retaguardia de las otras aeronaves. El reloj de la base marcaba las 12:25 del medio día cuando los MiG-25 despegaron desde la base aérea de Chuguyevka en el extremo oriente siberiano. A los 6 minutos de haber partido ya estaban volando a una altura de 7.000 metros; en ese momento por la mente de Belenko pasaban todo tipos de imágenes que hacían referencia a un posible fracaso, hasta llegó a pensar en desistir pero finalmente decidió que llevaría a cabo su audaz plan de fuga.

Lentamente, Belenko redujo la velocidad de su MiG-25 como también bajaba de altitud, cuando finalmente apuntó la nariz de su caza hacia abajo para hacer pensar que se estaba estrellando y así no levantar sospecha. En aquel entonces el MiG-25 volaba a una velocidad de 800 km/h esquivando los obstáculos en la superficie y no tardó más de 2 minutos en llegar finalmente al Mar de Japón, durante todo ese tiempo Belenko activó la señal de emergencia para que realmente pareciera una aeronave en problemas. Una vez sobre el Mar de Japón, apagó todas las señales de radio y voló a tan solo 30 metros de la superficie del mar. Era su primer vuelo rasante, por lo que no calculó o mejor dicho desconocía que volar a tan baja altura implicaba mayor consumo de combustible, por lo que no tuvo otra que aumentar nuevamente su nivel de vuelo para economizar su combustible que ya estaba muy bajo. Eran las 13:11 de la tarde cuando los radares de una estación de vigilancia japonesa finalmente detectó la señal de un objeto volador no identificado volando a alta velocidad con destino a la isla de Hokkaido, por lo que fue activado el protocolo de seguridad de violación de espacio aéreo enviando a dos cazas F-4 Phantom para interceptar al invasor.

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F-4 Phantom destinado en la Base Aérea de Chitose

De hecho, Belenko tenía todo calculado que una vez dentro del espacio aéreo japonés iba a ser interceptado por los F-4 y guiado hasta la base aérea de Chitose para un aterrizaje de control, ya que Belenko desconocía de las ubicaciones de esta base aérea. Pero el exceso consumo de combustible de su MiG-25 que no estaba entre sus planes, sumado a que no aparecían los F-4 japoneses, obligó a Belenko a confiar su destino a la suerte. En realidad los F-4 estaban a minutos de alcanzar al MiG-25, pero la desesperación de Belenko por el bajo nivel de combustible lo llevó a guiar su avión a otra dirección alejándose cada vez más de los cazas japoneses por ende de la propia base aérea de Chitose, en donde tenía planeado aterrizar. Con tan solo dos minutos de vuelos disponible Belenko empezó a buscar desesperadamente un lugar en donde aterrizar; finalmente frente a los visores apareció el aeropuerto regional de Hakodate que sirve a la ciudad del mismo nombre, Belenko no tenía otra alternativa que realizar un aterrizaje de emergencia en ese aeropuerto. El vuelo rasante del MiG-25 llamó la atención de todos los habitantes de esa ciudad siendo fotografiado por varios testimonios; el MiG-25 prácticamente volaba sin combustible, pero en ese momento una aeronave comercial se encontraba en carrera de despegue y un aterrizaje del MiG-25 causaría una catástrofe, la cual Belenko quería evitar sin importar que lo tuviera que pagar con su propia vida, por lo que a última hora y a tan solo pocos metros de la pista desistió del aterrizaje y se elevó nuevamente al cielo. Para poder aterrizar con seguridad debía realizar toda una maniobra de bordear el aeropuerto y alinearse con la pista del aeropuerto, pero como ya volaba sin combustible, Belenko hizo un giro muy acentuado realizando un aterrizaje extremo de emergencia, afortunadamente la aeronave pudo aterrizar con seguridad deteniéndose fuera de la pista a unos pocos metros de unas barreras de seguridad, más tarde se supo que solo restaba combustible para 30 segundos de vuelo.

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Los autoridades aeroportuarias como tampoco los militares japoneses y norteamericanos, podían creer lo que había ocurrido, ya que frente a ellos estaba probablemente el avión militar mas avanzado y protegido dentro del extenso muro de la Unión Soviética. La aeronave permaneció en suelo japonés durante 67 días, tiempo suficiente para que los ingenieros militares japoneses y norteamericanos pudieran inspeccionar a fondo a este avión y si esto no fuera poco, Belenko trajo consigo el manual de piloto del MiG-25. Los militares japoneses solo permitieron que los norteamericanos hagan pruebas de los motores y radares en tierra arrojando resultados sorprendentes.

El MiG-25 prácticamente era un avión que solo se conocía a través de rumores por lo que muchos aspectos técnicos fueron resultado de imaginaciones; pero al realizar una inspección minuciosa se supo que el avión no estaba construido en gran parte de titanio sino de aleaciones de níquel, usando el titanio en los lugares que estaban más expuestos al calor ya que el MiG-25 era supuestamente un caza supersónico. También se sorprendieron con que el fuselaje fuera soldado enteramente a mano y los cabezales de los remaches no eran visibles en las zonas de más resistencia aerodinámica. En aquel entonces los norteamericanos estaban desarrollando el Lockheed SR-71 “Blackbird”, construido enteramente en titanio cuya velocidad era de Mach 3; considerado enemigo a batir por el MiG-25.

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El 25 de setiembre, el MiG-25 fue transportado en un C-5 “Galaxy” hasta una base militar cercana para seguir con las inspecciones. Cuando los ingenieros militares abrieron el radomo frontal donde se aloja el súper moderno radar que equipa a este caza, se llevan la sorpresa del siglo; el radar en sí era un TL-25 Smerch y usaba lámparas de vacío en lugar de los sofisticados circuitos electrónicos, dispositivos hasta normales en los aviones occidentales. La ventaja de estas lámparas de vacío es que son más resistentes a las temperaturas extremas que se tienen en el territorio soviético como también eran fáciles de reemplazar en cualquier campo militar alejado de sus bases principales. Mientras tanto, el Teniente Belenko era interrogado por los militares para poder recabar más datos técnicos de esta aeronave, gracias a lo cual se dieron cuenta que el tan temible MiG-25 no era más que un mito temido construido a base de rumores ya que no tenía la verdadera capacidad de volar a velocidades supersónicas, incluso tenía muy limitado su nivel de techo de operación. Además, los misiles Aire-Aire que equipaban estos aviones no tenían la capacidad suficiente como por ejemplo, alcanzar al SR-71.

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Prototipo del radar que equipaba el MiG-25
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MiG-25 transportado por un C-5 “Galaxy”

Belenko permaneció un tiempo en Japón siendo finalmente aceptada su solicitud de asilo político en los Estados Unidos. Por su parte, la Unión Soviética tuvo que soportar la humillación que le fue hecha a nivel internacional. Tras 67 días, el gobierno japonés decide devolver el MiG-25 a los soviéticos distribuido en 30 grandes cajas y transportado por el carguero soviético “Taigonos”, junto a una factura de unos 40.000 dólares en concepto de embalaje del avión y los daños causados en las infraestructuras del aeropuerto de Hakodate. Una vez en casa, el MiG-25 fue sometido a una inspección por parte de los soviéticos, y se dieron cuenta que faltaban como unas 20 piezas fundamentales entre las cuales estaba el grabador de vuelo.

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El carguero “Taigonos” encargado de llevar las cargas

Aunque seguramente muchos de los que vivían alejados del ámbito militar a nivel internacional no se dieron cuenta, aquel 6 de setiembre podría haber sido el inicio a la temida Tercera Guerra Mundial, involucrando a las grandes potencias nucleares enfrentándose cara a cara. Afortunadamente nada de eso sucedió y el mundo siguió viviendo normalmente. Belenko fue mimado por los Estados Unidos recibiendo incluso subsidio suficiente como para poder vivir de forma confortable, más tarde gracias a una ley promulgada el 14 de octubre de 1980, Belenko logró obtener la ciudadanía norteamericana. En la actualidad, no se sabe a ciencia cierta sobre el estado de Belenko, lo único que se supo oficialmente es que trabajó como asesor para varias empresas y hasta se dice que hace negocios con su ex patria, Rusia.

Vladimir Komarov, el primer hombre en morir en una misión espacial

Cuando escuchamos hablar sobre misiones espaciales de la era soviética, lo primero que se nos viene a la mente es el nombre del famoso cosmonauta Yuri Gagarin, el primer ser humano en alcanzar el espacio exterior. Pero había otro cosmonauta, tal vez un poco desconocido para el mundo occidental, este era Vladímir Mijáilovich Komarov, piloto de pruebas, ingeniero aeronáutico y cosmonauta soviético. Además era el primer cosmonauta en volar 2 veces al espacio, falleciendo en el último intento.

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En el año 1967, tanto Yuri Gagarin como Vladimir Komarov fueron seleccionados para una misión en órbita terrestre para el proyecto Soyuz 1, pero ambos cosmonautas sabían que la capsula espacial estaba llena de problemas en el diseño, aspectos muy cuestionados por los cosmonautas, a tal punto que solo Gagarin había encontrado más de 200 problemas estructurales, tan graves que convertían al Soyuz 1 en una nave muy peligrosa para navegar en el espacio. Komarov también había tenido en el pasado fuertes discusiones con los ingenieros del proyecto, pero, a pesar de que sabía que su vida corría peligro, Komarov no retrocedió. ¿La razón?, no quería que su mejor amigo Gagarin muriera, ya que si Komarov no aceptaba la misión, Gagarin sería el piloto que lo reemplazaría.

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El proyecto Spyuz 1 iba más allá de un simple lanzamiento al espacio con cosmonautas a bordo; en aquel entonces el presidente de la Unión Sovietica, Leonid Brezhnev, tenía en  mente llevar a cabo una espectacular cita en el espacio entre 2 naves espaciales. El plan consistía en lanzar a la capsula Soyuz 1 con Komarov a bordo, al día siguiente otra nave Soyuz sería lanzada con otros 2 cosmonautas; una vez en el espacio ambas naves se encontrarían, Komarov saldría de su nave y se arrastraría hasta la otra nave, intercambiarían de lugar con uno de los cosmonautas y debía aterrizar en la tierra en la segunda nave. No había una mejor forma para celebrar el 50 aniversario de la Revolisión Comunista, así que Brezhnev dejó muy en claro que se llevaría a cabo el lanzamiento y no estaba dispuesto a escuchar un “No” como respuesta.

Tanto Komarov como Gagarin trataron sin éxitos suspender el proyecto, este último hasta había redactado y enviado una nota de al menos 10 páginas al presidente Brezhnev explicando los errores del diseño de la nave, pero nunca había recibido una respuesta. El día del lanzamiento se estaba acercando y Komarov sabía que la postergación ya no era más una opción. Así que decidió volar para proteger a su amigo Gagarin, antes del vuelo, insistió que su funeral sea a féretro abierto para que los líderes soviéticos pudieran ver “lo que habían hecho”.

El 23 de abril de 1967, día del lanzamiento; un periodista apostado en la zona mencionó que vio llegar a Yuri Gagarin y que este había exigido ponerse el traje espacial, algunos habían calificado esta actitud como un capricho repentino, pero más tarde empezaron a pensar que en realidad Gagarin estaba tratando de incorporarse al vuelo para salvar a Kamarov.

La nave con Komarov a bordo había despegado con éxito, pero los problemas surgieron una vez en órbita; las antenas no se abrieron correctamente, privando a la nave de energía eléctrica y obstruyendo algunos de los equipos de navegación, uno de los paneles solares de la nave no se desplegó, ni tampoco el detector de estrellas, necesario para la navegación. La falla del sensor de estrellas complicaba aún más la misión, ya que no se podía controlar la altitud, lo que era crucial para todo tipo de maniobras. Y, lo que era peor, las posibilidades de Komarov de regresar a la Tierra de manera segura disminuían cada minuto.

A pesar del arduo esfuerzo de Komarov para orientar a la nave, cada vez más estaba cerca de la muerte. Luego de casi 5 horas de batalla con la nave, finalmente logró ingresar a la atmósfera terrestre, pero aquí ocurre otro problema, el paracaídas principal no se desplegó correctamente y el de reserva se quedó enredado sin poder desplegarse, curiosamente estos fallos estaban en el informe que Gagarin había escrito y enviado a los altos mandos del gobierno.

Con la muerte casi en frente, el primer ministro soviético Alexei Kosygin lo llamó para decirle que era un héroe, también tuvo la posibilidad de hablar con su esposa que se encontraba en el centro de control, ella le había pedido las últimas palabras que decirle a sus hijos. Algunos testigos de aquel momento describieron como la escena mas trágica y triste, con el mismo primer ministro llorando.

Como los paracaídas tanto principal como de reserva no funcionaron, la nave impactó en tierra a una velocidad de 200 kilómetros por hora con el cosmonauta Komarov dentro. El impacto fue tan fuerte que la cabina de mando explotó, fue una escena terrible con miles de fragmentos metálicos esparcidos en la superficie, lo único que pudieron identificar de los restos del Soyuz era el borde superior de la nave. Más tarde descubrieron que los motores que ayudan a frenar la nave antes de tocar tierra se activaron después que este había impactado en tierra y no antes como debía ser.

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El funeral de Komarov fue a féretro abierto, como había pedido antes del vuelo. Sus cenizas fueron enterradas en la necrópolis de la muralla del Kremlin en la Plaza Roja, algo reservado a las grandes personalidades del país. También se le otorgó  postumamente su segunda Orden de Lenin y La Orden del Héroe de la Unión Soviética. Además se bautizaron con su nombre diversos objetos como el asteroide 1836 (Komarov) descubierto en 1971, uno de los buques de seguimiento espacial lleva su nombre, como también la Organización francesa Fédération Aéronautique Internationale hizo un diploma llamado V.M. Komarov en su honor, entre otros.

Además sus compañeros cosmonautas publicaron el siguiente mensaje en un periódico local:

“Para los pioneros siempre es más difícil. Pisan los caminos desconocidos y estos caminos no son rectos, tienen curvas cerradas, sorpresas y peligros. Pero cualquiera que tome el camino en órbita nunca quiere dejarlo. Y no importa qué dificultades u obstáculos haya, nunca son lo suficientemente fuertes como para desviar a ese hombre de su camino elegido. Mientras su corazón late en su pecho, un cosmonauta siempre desafiará al universo. Vladimir Komarov fue uno de los primeros en este traicionero camino”.

*Con información de Gizmodo y Wikipedia